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miércoles, 12 de febrero de 2014

ANDRÉS SUÁREZ, EL MAR QUE ENCIERRAN LAS CANCIONES

Es curioso ver cómo en estos tiempos proliferan programas buscando las mejores voces de este país. A pesar de los talentos que allí se exponen, nunca me sorprendieron en exceso, supongo que porque yo hace unos años ya había encontrado la mejor de todas.

Fue en el Libertad 8, hace ya varios años, llevaban tiempo recomendándome ir a un concierto de un tal Andrés Suárez, un gallego que según me decían, acababa de llegar a Madrid con la guitarra a cuestas y no iba a dejarme indiferente. Ya en la primera canción se me pusieron los pelos de punta, jamás había visto vibrar las paredes de ese viejo café de la forma en que su voz lo conseguía, rebotando suavemente y consiguiendo sobrecoger a cualquiera. Era tal su potencia vocal que sobraba el micrófono, no podía creérmelo.

Después de ese concierto vinieron muchos otros. Fue mejorando progresivamente, llevando las canciones un punto más allá, cada vez con mayor capacidad lírica. Con los años también fue creciendo su público, hasta el punto de quedarme fuera en varios conciertos por llegar pegado de hora. Después de eso llegó su fichaje por EMI, sus llenazos en salas y teatros míticos pero por supuesto, muchas y muy buenas canciones.


Hace un año lo único que sabía de ti es que calzabas más de un 36. Que soñabas con marcharte a Dublín y con perderte entre sus piedras y charcos.

Yo nadaba a la deriva, como un marinero en tierra que perdió su barco y que gritaba borracho de pena y de nostalgia “vuelve” en cada esquina. Fue en el sur donde la vi bailar flamenco por primera vez, y allí, me enamoré.

Así fue como te conocí, a paso de gigante, aunque la certeza de que dolerías algún día anidaba ya en mi pecho en llamas.

Ahora lo malo está en el aire y a mí me faltan números cardinales para tachar en el calendario los días que pasé sin ti. Sólo necesito seis caricias para calmar tu ausencia. Para beberme a sorbos y a oscuras los recuerdos.

No quiero que pidas perdón por los bailes, si la vida concediera segundas oportunidades, sólo pediría que esta vez, si puedes, ojalá me quisieras. Yo mientras seguiré en Madrid, mintiendo a todo el mundo que me pregunté por ti.

jueves, 24 de enero de 2013

ARI JIMÉNEZ, EL HOMBRE QUE BAILABA CARRETERAS

2082 kilómetros separan Las Palmas de Madrid. Una distancia increíblemente grande que sólo la música puede salvar, tendiendo puentes, acercando distancias. Así fue como me encontré de pronto con Ari Jiménez, gracias a una de esas canciones-puente que tan sólo un poeta con guitarra como Ari consigue construir.

Hablo de un currante de la música que emociona con cada uno de sus pasos y pide a gritos que no te lleve el viento mientras plantea un cambio de sentido a todo lo que hasta ahora has podido escuchar sobre un escenario. 

Conocí a Ari gracias a Jesús Garriga, creo que fue con “rescátame” y supongo que desde ese día no he podido dejar de escuchar los delirios transitorios de este chico, que son mis delirios también, porque ese es su secreto,  historias cotidianas, cargadas de versos y poesía que seguramente todos hemos vivido de forma remotamente parecida alguna vez. 


Ari resume de forma magistral el difícil mundo de la música en su canción “temblando”, en la que nos hace seguir sus pasos, sin un duro en el bolsillo pero con la ilusión de seguir cantando mientras queden fuerzas. Y eso es precisamente lo que Ari hace: bailar carreteras, pisar escenarios de aquí y allá, abrir la funda de su guitarra en el metro de Legazpi con unos cuantos discos y alegrar el día a todos los que tengan el placer de escucharle.

Mucho me equivoco si digo que no va a ser uno de los más grandes. Ojalá lo hubierais visto en Galileo&Galilei, abriendo el concierto de presentación del disco de Fran Fernández, un sábado, lleno de público. Durante el comienzo de una canción el sonido de la guitarra se queda sin amplificación, toca el cable un par de veces y al ver que no vuelve se aleja del micrófono como si no pasase nada y canta sin microfonía ni amplificación de ningún tipo, como ha hecho cientos de veces en salas pequeñas; teníais que haber visto a la sala enmudecer, escuchando en silencio. Justo en la última nota la guitarra volvió, pareció preparado pero no lo era, Ari acababa de salvar un imprevisto dónde los más grandes hubieran dejado de tocar empezando a hacer aspavientos al técnico de sonido (como he visto en alguna ocasión, en conciertos dónde la entrada más barata costaba cincuenta euros). Si lo viviste seguro que pensaste lo mismo, seguro que admiraste esa determinación, seguro que te emocionó.

Te invito a que te animes a ir a alguno de sus conciertos, a que compres su EP “Delirios transitorios”, porque tal y como dice siempre, por lo que vale, da pena dejarlo. Te invito a que apoyes a este artista 211 veces si es necesario y lo escuches cuando necesites desahogarte ahogando el aire, cuando pienses que nada es más complejo que ver pasar de largo a esa persona o simplemente cuando necesites ver por todas partes días claros.


PD: Os recuerdo que este sábado 26 toca un grande en el Libertad 8, Jesús Garriga, allí os esperará para desabrochar canciones con vosotros. Ari no tiene más conciertos programados para este mes de Enero pero seguro que Febrero-Marzo serán meses en los que dará que hablar.